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sábado, marzo 10, 2012

la muerte de la ultima Amazona

Corriendo descalza por la Amazonia, dejando pasar el viento entre su cabello la tierra húmeda bajos sus pies descalzos y las ramas cortando el filo de sus brazos desnudos, respiraba las ultimas bocanadas de aire tratando de escapar del destino fatídico al que se sabia condenada desde hacia ya algo mas de una semana, arrancar era un instinto que le habían enseñado desde pequeña pero esta vez sabia bien que no le valdría de mucho y que el inevitable final llegaría sin alteraciones pronto en forma inescrutable.

la ultima amazona, finalmente se veía doblegada por la civilización romana, por los deberes y los derechos por el sofocante ruido de la ciudad que devoraba a cada paso a la selva que dejaba tras sus huellas, cubriendo de cemento cada tramo recorrido y llenando de vapores el aire húmedo saturado de los olores del estiércol de animales  salvajes y las ultimas lluvias. Así como la ciudad devoraba la Amazonia, la civilización había devorado todas las amazonas, ahora figuraban autómatas de sus actos con la miseria de espíritu que representa la perdida de la pasión por la vida, el desvanecimiento de los sueños mas osados, esos que nos avergüenza tener y que almacenamos en secreto en lo mas profundo de nuestra alma, se encontraban resignadas, que es un sinónimo de tortura y muerte pero aplicada al alma. se habían convertido en ciudadanas que se creían libres y civilizadas habiendo perdido lo que alguna vez conocieron como libertad, se encontraban a si mismas en un espejo donde se miraban sin verse pues se definían ahora a través de los ojos de los demás y no por los propios, por sus posesiones y por sus roles.

Corría sabiendo que en algún momento le fallarían las fuerzas de las piernas, le fallaría el tenor de sus pulmones y le fallaría también el vástago febril de sus existencia, esa bomba que latía dentro de su pecho, ese que le había avisado tantas veces ya de los peligros dando saltos, ese que se encontraba siempre bombeando la vida por sus venas para darle fuerza al fuelle de su cuerpo aun en esta ultima indigna tarea, la de arrancar, cuando ya no es posible hacer frente. aun ahora sabiendo que en cada paso se acercaba mas el paso final, corría, como siempre y como no lo había echo nunca, en algún momento su pie tropezaría, en algún momento su cuerpo abrazaría el suelo, su pecho apoyado contra la fértil tierra, la madre de toda la vida, en ese momento sabría que la sombra de la muerte cubriría su espalda, que la civilización la alcanzaría y que la luz de los cielos se extinguiría para convertirse en nubes grises sin lluvia.

Sentía salir las bocanadas del aire por su garganta enfriando a la fuerza y  dolorosamente su cuello, cada respiro era un puñal, cientos de agujas clavándose en su garganta, cada uno dolía y sentía como ese dolor cerraba lentamente el paso a nuevas bocanadas, sabia que era cuestión de tiempo para que finalmente el paso del aire se cerrara completamente ante ella y su cuerpo de dividiera y desconectara de la selva que la rodeaba para caer en ella inerte, pensaba en eso  a cada paso, a cada respiro y latido de su cuerpo, su vista se nublaba lentamente, no sabia si por el sudor que caía de su frente o por que el cansancio pasaba ya la cuenta a su cuerpo agotado de vivir tanto en una vida tan corta. tenia solo 17 años.

No me referiré a su muerte ni a su caída, no les contaré  como se quedaron sus ojos abiertos mientras su alma abandonaba el cuerpo agotado, ni quiero hablar tampoco de la luz que se apagaba en su interior mientras su cuerpo emanaba los fluidos pestilentes que salen de los cadáveres, aquellos que tenían aun estando vivos pero que solo salen en los muertos, a veces he creído que el cuerpo sabe que morirá y entonces prepara semejantes humores. Solo hablaré del silencio mortal que calló en la tierra durante un momento tras su ultima espiración, ese momento en que la existencia se tensó esperando el milagro de verla correr de nuevo de volver a ver la luz de su mirada iluminando lo que inspeccionaba su curiosidad infinita, ese silencio que fue el duelo de su pueblo desaparecido a garras de la mentada civilización, para convertirse en individuos útiles para la sociedad pero individuos al fin y al cabo, únicos y solitarios en su propia ausencia de pasión.