como un día cualquiera, un fantasma golpea mi puerta, decidí no abrir pues sabia que era un fantasma no escuché pasos acercándose, no se si tuve miedo, mas bien sentí pena, no quería fantasmas nuevos ni viejos ni de ningún tipo.
a pesar de mi testarudez de no abrir la puerta el fantasma entro de todas formas, era pues un fantasma tan testarudo como yo, de filtró de a poco junto al frió que se colaba bajo la ventana.
se sentó en un rincón a plena luz que entraba por la ventana, vibrante, no tuvo ninguna vergüenza, dejarse ver para el no importaba, mal que mal era un fantasma, su apariencia era la que yo quisiera ver, mis propias ilusiones ya no logran asustarme, ni siquiera mis miedos, tal vez ya no sean miedos.
lo ignoré durante un tiempo, me contaba cosas, me leía cuentos, me aconsejaba aun que pronto entendió que no tomo consejos, entonces solo me daba su opinión, sin esperanza alguna que yo la tomará como propia, me hacia la mía, a la mala. a veces se acostaba a mi lado en el colchón del suelo de mi celda, como no tenia nada para cubrirme me cubría el con su espectral ser, me daba frió pero al mismo tiempo entendía la intención, ademas, el no sabía que estaba frió, no sentía nada. eramos tan parecidos.
con el tiempo empecé a hablarle y lo mejor es que debatíamos, no peleábamos, teníamos una charla apasionada, rugíamos por nuestros puntos con calor, esas noches, cuando me abrazaba sobre el colchón, ya no estaba frió, ni tampoco yo.
luego de algunos años cumplí mi condena, entró un carcelero gordo y perfumado con ropa azul marino a decirme que me podía ir, ¿irme? pregunte algo perpleja, había pasado tanto tiempo que no recordaba cuando había llegado, menos por que debía irme, pero el carcelero fue implacable, a pesar de mis quejas me dijo que debía desocupar la celda ese mismo día, "mañana llegará otro trabajador" me dijo, disfruta tu jubilación, me di vuelta pero no estaba ahí, el fantasma no estaba, lo busque bajo el colchón, entre mi pelo enredado, dentro de la taza del té, no estaba.
Salí a encontrarme con la luz del sol, vi un amanecer que no recordaba que existía, lloré con el pasto bajo mis pies, la lluvia en mi cara, dulce. una noche mucho tiempo después de vagar sentí deseos de estar con alguien, deseos de compañía, me acordé de mi fantasma y comencé a caminar.
camine varios días, no sabia donde iba pero sabia que ese era el camino, dejé de escuchar mis propios pasos, mi voz... llegue un día frente a una puerta, golpee la puerta con entereza, sabia que alguien me esperaba adentro, sin embargo no contesto, me colé por la ventana con el frió que entraba, me senté en un rincón... desde entonces le cuento cosas, le leo poemas, creo que esta noche, le abrazaré.
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