Pages

viernes, julio 29, 2011

El intruso (parte 1)

Llegaba la noche, crepuscular, sobre santiago, lentamente descendía sobre los techos de las casas, tiñendo todo de rosa y naranjo, las tejas prendían en llamas de reflejos desde el horizonte donde se ponía el Dios sol y lentamente los colores abandonaban el paisaje y los fragmentos de la escena eran ahora en blanco y negro. Llegaba la noche.

Él se desvestía tranquilamente, se sacó la chaqueta, introdujo sus manos en sus bolsillos y empezó a descargar todo lo que estos contenían, monedas, papeles, boletas, las llaves, el celular y al terminar, se sentían livianos, como anunciando el descanso, se saco los zapatos y así, en camiseta y bóxer se sentó en el borde de la cama, el descanso era sin duda era anhelado pero no aún, no llegaría aun, esta noche tenia un tramite pendiente, una cita consigo mismo y a la vez con los demás, pero ellos aun no lo sabían.

Liviano y tranquilo, la mente en blanco y el cuerpo forrado en negro, negros pantalones, negros bototos, negro suéter, pasamontañas negro, al igual que la noche sobre la ciudad cayó él sobre las aceras. Cuando todo esto empezó hace bastante tiempo ya, las incursiones eran al azar, no había planes, no sabia donde entraría ni sabia que buscaba, lentamente con el pasar del tiempo la naturaleza de sus salidas fue volviéndose más pulcra.

Comenzó por llevarse un souvenir, algo pequeño, que pasase inadvertido para los dueños originales, pequeños juguetes, adornitos de las mesas laterales, nada de valor, sino más bien algo que definiera e invocara a la memoria el lugar visitado. Con el tiempo los viajecillos se volvieron mas planificados, comenzó a hacerlos con periodicidad y le dio un espacio fijo en su agenda en vez de dejarlos ocurrir cuando se animaba, se lo estaba tomando mas enserio, el tercer signo de cambio fue que empezó a elegir el "destino", inicialmente podía ser cualquier sitio, pero luego era gente que le generaba algo, una chica del ascensor, el tipo que lo estacionó en el teatro, alguien que por alguna razón le generaba algo, sin saber muchas veces qué.


Como cada día múltiplo de 10 en el calendario, ese día tenia que salir, se dirigía ya a su objetivo a toda velocidad, el destino claro, esta noche lo excitaba mas que ninguna otra, este viajecillo prometía ser entretenido, era una mujer que había visto salir de una tienda de música con un vinilo de Rajmaninov, un material difícil de conseguir, la siguió hasta su domicilio, caminando por calles y calles, no vivía cerca sin embargo se movilizaba a pie, vinilo en mano, audífonos grandes cubriendo sus orejas, llamativos, a paso calmo. Se robó una carta que dejó el cartero en su casa, vivía sola, tenía 2 perros, mota y fru-fru. tenia algo mas de 30, 32 años, le gustaba leer, leía mucho, tenia lleno de libros el living, tenia un diván cómodo para leer, largo lleno de cojines y una manta verde, pero no sabia exactamente QUE era lo que ella leía, por eso debía entrar.

los perros son siempre un problema, con el tiempo había aprendido a sortear esta y otras dificultades, los segundos pisos, los edificios, los conserjes, las cámaras, los vecinos mirones, en fin, era cosa de experiencia, eso ya lo sabia manejar. Entró por la ventana del baño, es algo pequeña pero siempre la gente la deja abierta y es fácil entrar por ahí, una vez adentro es otra cosa, aquí empieza realmente la diversión, primero el living a mirar los famosos libros.

El intruso miraba, tomada las cosas, y las colocaba nuevamente en su lugar, sin mayores cambios, no comía ni bebía en las casas que visitaba, se hacia una imagen mental, a veces se sentaba en el sillón, miraba la música que encontraba y reproducía las obras en silencio, imaginaba a los habitantes de la morada en cuestión, fantaseaba con la vida que estos llevaban, con como sería ser ellos, muchas veces estuvo tentado de prender la radio o el televisor pero sabia que eso seria su fin, así pasaba la noche, paseaba por las casas silencioso cuan sombra escabulléndose por los rincones y los dinteles de las puertas, muchas veces entraba en las habitaciones completamente incorpóreo, se diría que no respiraba, no caminaba, levitaba sobre las tablas del piso, miraba a los individuos dormir placidos en sus camas, esta era una de sus actividades favoritas.

El intruso los apreciaba en un estado en el casi nunca nadie nos ve, dormidos en lo mas profundo y cómodo de nuestra intimidad, cada uno duerme diferente-pensaba a veces- algunos rechinaban los dientes al ritmo de remordimientos de conciencia, otros roncaban placidos indolentes de sus faltas, muchos dormían tensos con los hombros encogidos soñando con los problemas que los atareaban en el dia, otros tantos tenían sueños inquietos y a saltos, se movían, corrían y peleaban mientras estaban lejos de ahí, los menos dormían placidos, tranquilos de conciencia, hombros relajados y los músculos del rostro mostraban esa tranquilidad que era mas frecuente en niños pero rara vez se veía en los adultos. Esta ocasión no seria la excepción, debía ir a verla de cerca y descubrir como dormía ella, que caminaba despreocupada por la calle ¿seria realmente despreocupada mientras dormía? o ¿en este estado vulnerable podría apreciarse sus miedos y temores mas humanos, la constipación de sus ideas incapaces de fluir por la mente hasta los actos? era necesario ir a verla de cerca, subió cuidadosamente la escalera, estas casas viejas tendían a rechinar las tablas al pisarlas pero el ya sabia que pisándolas en los bordes laterales hacia la pared sonaban menos, casi nada. Llego al descanso desde donde se apreciaba la silueta de su puerta, sintió el acelere de su corazón que en la noche silenciosa llegó a sus oídos como bombo de la tirana, febril. Con una inusual sequedad en la boca se acerco a la puerta, casi sin abrirla deslizó su cuerpo dentro del cuarto y era tal cual lo había esperado, los muebles de maderas blancas envejecidas, un estilo algo barroco con encajes y una delicadeza inexorable inundaba el lugar que en la penumbra se veía como blanco y negro sin embargo olía a púrpura, sí, olía a púrpura, un olor nuevo inundaba sus fosas nasales, algo que no había conocido antes y que ya no lo abandonaría nunca, no podría describirlo de otra forma solamente olía púrpura, profundo y lento como a lectura frente a la ventana.

Para cuando llegó al borde de la cama le temblaban las manos, casi se traiciona al pisar el cable del cargador del celular que se encontraba en el velador bordeando cuan trampa mortal para los intrusos de la noche, logró sortear con cuidado el ardid para llegar al borde de la almohada, de cerca logro sentir el tibio aliento saliendo de su nariz lento y apacible en un vaivén hipnótico que encerraba los sueños poéticos que ocurrirían en su mente, el intruso moría de curiosidad ¿ con quien soñaría? con Rajmaninov y Medtner? ¿Con las trágicas novelas griegas que leía en las tardes? ¿Con la iliada y la divina comedia? ¿o con ese librito de la revolución social que se viene en América latina? si, ese que descansaba ahí en su velador junto al celular, quiso saberlo todo y por un segundo sintió el impulso de despertarla y conversar con ella, sentarse a preguntarle con que soñaba, como eran sus mañanas y sus días libre, a que se dedicaba y si esa radio antigua que tenia junto a la escalera aun funcionaba, quería preguntarle quienes eran esos caballeros en las fotos de la entrada, esas fotos en sepia y otras polaroid enmarcadas, por un segundo quiso tirar todo por el suelo y delatarse pero entró en si, se sorprendió fantaseando mas allá de lo posible y se llamó a lugar en su mente - no seas necio- se dijo - si la despiertas lo único que conseguirás es asustarla luego vendrán los gritos, los vecinos y quizás hasta la cárcel. una vez centrado decidió alejarse de la cama, le producía un efecto narcótico donde se perdía en sueños lucidos, volvió a bajar en silencio por las escaleras, miraba el arrimo desordenado, las llaves con un llavero gigantesco en forma de rana, sonrió mientras reparaba en el desorden de la cocina, se apilaban tasas y platillos que insinuaban que le gustaba tomar café todo el dia, pero extraña vez almorzaba, fruta en un pote grande, nada particular en el refrigerador, nada especial en el revistero, le llamó la atención un teléfono con disco en una mesita ratona junto al televisor, algunos rincones de la casa parecían haberse quedado en los años 70 y seguramente incluso de dia se veían algo grises.

Había llegado la hora de marcharse, eran pasado las 5 y pronto amanecería, debía llegar a su casa antes que saliera el sol pero quiso llevarse algo, un souvenir mas para su colección, estaba tentado, era tan evidente que ella notaria su ausencia pero parecía ser lo único que tenia sentido, en un ultimo impulso se dio licencia para tomar el llavero, con una habilidad realmente sorprendente (incluso el mismo se sintió orgulloso) logro sacar el llavero de rana de el manojo de llavecitas y si bien era una locura tomar un objeto como este, solo esa ridícula figura seria digna de esta noche. marchó a casa a paso firme la mañana despuntaba lentamente retornando el color a las aceras, a los techos y las ventanas, el rocío hacia lucir nítidas las hojas y hoy dormiría todo el dia, estaba libre de compromisos, se tendió finalmente cuando todos se levantaban dejó reposar su cabeza en los almohadones mullidos y aun con el ridículo souvenir en su mano y el olor púrpura en su nariz, se durmió soñando con mesitas ratonas y fotos polaroid, con su pelo ensortijado y esa nariz puntuda que exhalaba rítmicamente vahos narcóticos que inundaban su cerebro, mientras el se quedaba dormido ella se levantaba lejos, preguntándose donde estaba la rana de su llavero.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Dime