La hora pasaba lentamente en la oficina, mirando la ranita ridícula que ahora pendía de su llavero seguí pensando en esa noche, habían pasado ya 4 días, lentos y largos. Nunca le había costado tanto olvidar una incursión nocturna, nunca antes había quedado pegado pensando con su mente lejana en cada momento, repasaba cada paso que diera dentro de esa casa como si lo reviviese en forma continua abstraído de lo que ocurría a su alrededor, a ratos trataba de entender que era lo que le había producido tanta impresión, primero pensó que serian los cuadros de la entrada con fotos de gente de otro tiempo, gente que ya no estaba aquí con nosotros pero luego creyó que era algo de los libros que había sobre la mesa o quizás la musica guardada en la estantería lo que le había producido una gran impresión y por que seguía recordando esa noche como algo que no podía alejarse de su mente, finalmente pensó en el dormitorio en la luz tenue y en ese entorno delicado casi ridículo para una mujer de su edad y que sin embargo la enmarcaba perfectamente dentro de una postal grabada a fuego en su memoria, mas allá del recuerdo miraba la ranita y sentía de nuevo ese olor indescriptible que la cubría, era el olor de su piel, pero el de su piel realmente, no un olor a jabón, ni una mezcla de almizcles y esencias que puedan comprarse envasadas en una tienda, no era cítrico ni frutal no era floral ni amaderado, no era ninguna de esas cosas, ella olía a purpura y eso era lo que mas lo perturbaba.
En el preciso instante que cruzaba por su mente ese segundo en que sintió perder el control aquella noche, justo cuando dolorosamente recordaba que había estado a punto de arruinarlo todo sin ningún sentido y cuando nuevamente sentía ahogarse un grito en su garganta la puerta de su oficina se abrió de golpe rompiendo su concentración y la magia del momento, retornándolo de golpe a el día de hoy, a su oficina y por sobre todo a el rol que jugaba en este momento, no era el intruso, ahora era Felipe Sepulveda, ingeniero que trabajaba a cargo de un proyecto en una oficina pequeña y que debía hacerse cargo de sus responsabilidades laborales, la mujer parada en su puerta era un compañera de trabajo que le venia a consultar por un correo electrónico que había llegado esa mañana respecto del proyecto en que trabajaban, con el cuerpo distante trato de incorporarse de su silla pero aun ajeno parte de su cerebro estaba en otro lado, sentía los ojos flotando en su cabeza y las palabras le llegaban desde lejos como si la ilusión se hubiese roto pero aun le costase volver a la realidad, conversó sobre el correo con Margarita, llegaron a un acuerdo sin importancia y ella dijo que enviaría sus observaciones en un memo esa misma tarde de vuelta al jefe de ambos. Felipe asintió con la cabeza, su propia voz le sonaba a un eco de si mismo, como si no se reconociese en ella o perteneciera a otra persona, el día pasó lento como los anteriores y cuando el crepúsculo se dejaba caer nuevamente sobre la ciudad se dio por cumplida su jornada laboral, la cual fue muy improductiva por cierto, y se fue a su departamento.
Las incursiones eran, supuestamente, liberadoras, lo dejaban relajado y se desprendía de ellas con facilidad, guardaba los recuerdos en su mente para saborearlos cuando quisiera y podía volver a ellos cómodamente sin que lo molestaran, pero esta vez se sentía invadido por los recuerdos y a ratos quería volver el tiempo a atrás a esa noche, hacerla mas larga o simplemente quedarse en ella pero por el contrario, en la medida que pasaban los días los recuerdos se tornaban menos nítidos y comenzaba a perder detalles en su mente como los dibujos del papel tapiz o la forma en que la luz de la luna se colaba en los ventanales, solo el olor se mantenía en su memoria inalterable y se apoderaba de su nariz haciéndole imposible percibir otros olores, había llegado al punto de afectar su apetito y no lograba saborear nada pues todo parecía impregnado con ese molesto recuerdo, una vez en su departamento }Felpe trato en vano de pensar en otra cosa, de retomar el libro que leía unos días antes, pero la historia ya no capturaba su atención y se descubría a si mismo mirando la pagina del libro pero pensando en los recuerdos que hacían suya aquella noche, aquella casa y aquella mujer.
Trato de ver televisión pero la caja necia no lo entretenía, escuchar musica pero no lo llenaba y una vez en su computador decidió buscar algunas de las piezas de musica que ella tenia en su casa, algunas las conocía por nombre, algunos autores le eran familiares y por un momento lo calmó la idea de estar escuchando lo mismo que ella, a varios kilómetros de distancia, escuchaba en su casa, mientras se preparaba algún refrigerio antes de dormir. Se imaginó siguiéndola por las escaleras, entrando tras ella por la angosta puerta de su dormitorio y que la veía desvestirse sentado a los pies de la cama, sin morbo, sin excitación, solo acompañándola en la curiosidad eterna que le generaba esa mujer.
Tenia que volver, lo supo en el momento en que su imaginación se imagino recorriéndola con las yemas de los dedos mientras ella se miraba inmóvil frente al espejo de pie que descansaba en una esquina perdida a su vez en sus propios pensamientos, tendría que volver pero no de noche no a observarla dormida sobre su almohada a unos centímetros de distancia pero a la vez a un universo completo, tenia que volver a verla, despierta, quería oler su cabello y dejarse perder el control, necesitaba escuchar el sonido de su voz, no lo había oído nunca y si alguna vez lo había oído, no lo recordaba, eso hacia su fantasía falsa y lejana pues por mas que buscase una voz para colgarle, ninguna le podría quedar mejor que la que seguramente tenia y no quería tener ideas equivocadas, debía volver a esa casa, a esa mujer y a esa habitación, pero aun no sabia como.
¿que sabia de ella? Conocía sus horarios, su dirección y la tiendita aquella donde compraba musica, sabia que tipo de libros le gustaban, sabia que comida comía, andaba en bicicleta, tenia 2 perros, pero eso seria suficiente? No era acaso la misma información de la que disponían sus amigos de alguna red social? Cuantas mujeres podían calzar en esas mismas características? Pero está tenia algo especial, algo que lo hacia vibrar como nuca antes y que no lo dejaba dormir ni disfrutar una comida, algo que había entrado por su nariz y se había fijado en su cerebro y en esa parte del cuerpo donde se supone que reside el alma, donde quiera que eso sea.
Tenia que partir por lo que tenia, la tiendita de musica, no debe ser tan difícil abordar una mujer en una tiendita, lo había hecho en bares y fiestas muchas veces, solo debía encontrar un punto en común y ya sabia lo que le gustaba a ella. Se dirigió la tarde del día siguiente a la tiendita, esperó todo el día, ella nunca apareció, claro que nadie va diariamente a comprar discos, estaba perdiendo el tiempo, de todas formas volvió el día posteriormente a eso y el día subsiguiente, nada. Ya había pasado una semana desde el viajecito, desde la noche de la incursión y se encontraba en un punto muerto, necesitaba un plan B y lo necesitaba con urgencia, se encontraba meditando sobre este asunto, caminando dirección a su departamento, dándole vueltas al asunto cuando el destino jugó el as que tenia bajo la manga, la carta que cambiaría el curso de sus planes, le tendió el comodín final para armar la escala, caminando desorientado hacia él, cabizbajo y lentamente venia Mota.
Si, Mota, el lanudo pastor ingles canoso que una semana antes había dormido con un hueso con calmantes, era él, estaba seguro, el mismo talle, el mismo perro pero por sobre todo, el mismo collar verde con la placa de inscripción en el cuello, esa placa que tenia su nombre y que había vigilado varias veces antes de la intrusión, se acercó al animal con calma, se veía desorientado, perdido, pesaba que su suerte no podía ser tan grande, que la vida le entregaba la herramienta perfecta para llegar a ella, tenia a Mota, el collar lo confirmaba, el perro -manso- se dejo acariciar por el extraño que lo llamaba, ahora todo tenia sentido, era momento de ser el héroe de la jornada, devolvería a mota y eso le daría la oportunidad esperada, alimentó el perro en la misma calle, se gano su confianza, lo llevo a casa y tomó el teléfono, al reverso de la placa que lo identificaba había un numero de casa, era momento de llamarla.
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